Otro beso

Hago todo para que vengas,
lo que recuerdo,
lo que me sale.
Creo que te gusto,
pero no estoy seguro.
Te pruebo,
pero me estoy probando.
Como siempre,
el inseguro soy yo.
O es ese el rol que prefiero.

Tu beso,
un buen beso.
No tan oxidado
como el mío.
Tu boca me aprieta,
me come,
me muerde demasiado.
Es distinto
y aunque lo sea
me gusta.
Aunque no sé
si lo suficiente.

Entre el sueño y el alcohol
mi pensamiento se confunde.
Y está bien.
No tengo que pensar.
¿Seré de nuevo el de antes?
¿Conservaré el poder
para perderme de lleno
en la frivolidad
de un cuerpo
tan desnudo como desconocido?

Apagás la luz.
El lord en mí se enfurece,
quiere ver su presa toda.
Pero la parte que últimamente gana
te agradece,
porque no quiere mostrar
la fragilidad.

Mis manos tiemblan.
No sé por qué.
Quieren recorrerte,
pero no encontrarte.
Quieren descubrirte
como se hace con un recuerdo.
Pero todo es nuevo
y de recuerdo sólo queda
un aliento moribundo
al final de mi propio suspiro.

Tu cuerpo no es tan dúctil.
Mis manos se vuelven torpes
entre tu peso
y mi autoestima.
Un gemido me calma,
otro me excita.
Mi propia voz,
me sorprende.

Es una vez
entre muchas,
pero la primera
después de tantas
haciendo el amor.

Me muevo por inercia.
No me sale tan mal.
Pero lo que hallo en vos
no es lo que busco.
Y lo que comprendo sobre mí
no es lo que esperaba.

Con tus vestidos por el suelo
tu seguridad se vuelve errática.
Vas y venís,
como entrando y saliendo
de un trance dubitativo.

Cuando tomás la delantera,
descanso.
Dejo que esa boca
coma lo que quiera,
que persiga el pedazo de mí
que le plazca mejor.
Cuando puedo,
hago lo mismo.
Aunque el sabor de tu sexo
me resulte agrio,
aunque no llegue
ni de cerca
a hacerte vibrar
en la misma frecuencia que mi lengua.

Somos un banquete
que de tan sólo verlo,
satisface.
Que de engullir
tan rápido
hace que el estómago duela
y haya que parar antes de tiempo;
que tengamos que esperar
para volver a empezar.

Las penumbras ceden un poco
ante los primeros soles.
Pero mi olfato sigue confundido,
entre mi perfume nuevo,
la novedad de tu olor
y la fragancia penetrada
en la piel de todos mis dedos.

Tu otredad no deja
de ser distante,
pero me gusta tocarte,
observarte,
como a un experimento.
Soy variable
y soy registro
de dudosa fidelidad.

No te quiero,
pero me alegra que estés acá,
que aceptes entera mi propuesta,
que rompas el molde
y no te vayas.
Que capitules ante el sueño
y te rindas a mi pilón de almohadas.

Me sorprende un abrazo,
que sin afecto,
es dulce, es tierno.
Es ese el final,
el plan perfecto
para un noche tan fría;
donde tentarte
es solamente una excusa
para no dormir solo
otra vez.

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