La reina de la noche

No recuerdo mucho, no.
Sin embargo,
viene a mi mente
su silueta
en un trasfondo nocturno,
apenas si decorado
por el destello de un fogón
perdido y mal alimentado.

Música de fondo.
Como siempre,
música de fondo:
alta,
despreocupada,
adictiva.
Como ella.
Sí,
como ella.

Tiene alas
pero no están ancladas en su espalda.
Están atadas a sus caderas
que se mueven
y arrastran
a los ojos y a las almas.

Cascabeles de cristal
invisibles
mueven sus dedos
mientras siguen esas manos blancas
el bamboleo
de sus curvas desvergonzadas.

Y de las ondas
de su pelo
siempre negro
como la noche que ama
van cayendo las trampas
que le traerán
su próximo amanecer.

Su cabeza sigue
el serpenteo fatal
aunque tiene vida
ritmo propio.
Guarda descuidada
la última de las armas.

El mentón se levanta luminoso
y se descubre
la mirada de la gorgona
que paraliza, que detiene
que hace del mundo el resto del mundo
que seduce casi enamorando
sin que le importe nada
nadie.
Nadie.

"A brillar",
llama el hechicero
y se repletan de luces
los brillos vanidosos
que decoran sus ojos.
Lo último que van a ver,
lo primero que van a recordar.

Los párpados hacen
que sus pestañas aleteen.
No se rinden,
guían el acecho
de los cazadores
que van a ser cazados.

La miran,
le miran la boca,
le miran los labios.
Adivinan el sexo
incinerado.
La masculinidad
hecha trizas.

Teje,
la araña teje.
Teje de noche
y devora
cuando quiere,
cuando desea.

Ajusta un hilo,
corta otros tres.
Sus dedos son garras
que elijen.
Ellos creen que la atraen,
pero la reina
es ella.

Los saborea,
pero no los devora a todos.
A los que devora,
los mata.
O los deja en agonía,
aunque no quiera
aunque no sepa cómo
aunque no entienda por qué.

Los marea,
los destruye,
los desconcierta.
Es una reina destinada a ser viuda.
Es una reina destinada a vestirse de negro.
Emperatriz de la fatalidad,
¿cuánto cuesta tu grito?

Alma magnética,
interior inalcanzable,
cuerpo laberíntico de inconfesables miedos
y una pregunta
que se dibuja
escapando de su voluntad.

Si ella es la reina
y la reina es la noche,
¿tendrá rey un día
y qué día será ese rey?

Belleza egoísta,
espíritu trascendente;
la hermosura...
no es inimputable.

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