Nublado

Y la sombra no pudo detenerse... y el pasado no pudo frustrarse... Y no dijiste ni una palabra... Y, como el tonto que alguna vez fui, seguí tu juego y me hundí en la quietud penosa de la cobardía y el fraude. Yo, que vivo de las palabras, nunca he sabido ser profeta de mis propios sentimientos.

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