"El Señor de la Carpetita"

Hoy vino por tercera vez. Es un tipo delgado y canoso, de unos cuarenta y pico (corto, calculo). Siempre anda vestido con una “rompeviento” gris y lleva una carpetita debajo del brazo. Es de esos flacos simpáticos, pero simpáticos boludos, de esos que no te caen bien.

Según dice, anda en una campaña de prevención. Así de amplio e indefinido su concepto. Luego la cosa encauza más cuando te pregunta si alguien en la casa fuma…

Sí, mis viejos fuman”, recuerdo que contesté la primera vez, medio dormido. ¡Para qué!

Desde la cocina, mi viejo murmuró su típico “no estoy”. Por lo que me vi obligado a utilizar mis habilidades diplomáticas para echarlo amablemente.

El tipo se fue, no sin antes tirar un “ya los voy a encontrar”, luego de preguntarme a qué hora estaban mis padres en casa. Por las dudas, les aconsejo que siempre contesten un horario nocturno. Tienen que tirar horas a las que un flaco no va a estar caminando por la calle de casa en casa (a menos que busque que le hagan el culo, cosa que no nos incumbe y que bien podría hacer sin rompernos las pelotas).

La cuestión es que el episodio no finalizo allí. Hubo un segundo encuentro con el chabón. Habrá sido pocos días después. Se apareció con el atuendo de la primera ocasión y con la misma sonrisa tarada, una de esas que te hacen dar ganas de pegarle una patada en los dientes.

Ya no tenía que presentarse. Los dos sabíamos a qué venía… Sí, a romperme la cajeta metafísica, ¿a qué más?

Volví a encubrir al choto de mi progenitor y le di una despedida ya no tan actuada. Si vas a venir, bancate la carita, flaco, como yo me banco la tuya. No me interesan tus imágenes photoshopeadas que demuestran los daños que hace el cigarrillo a la piel, a los pulmones y vaya a saber a qué otro órgano. Tu causa no está mal. No es ni noble, ni altruista, ni una mierda. Pero no está mal. Eso no significa que seas tan pesado… Es decir, ya está… no vengas más. DEJATE DE JODER.

Se fue, por supuesto. Bajó el tono de su cuasi amenazador “ya los voy a encontrar” y dio media vuelta. En realidad, sólo me imagino que dio media vuelta, porque le cerré la ventanita de la puerta ni bien terminamos con las frases falsamente corteses que la situación ameritaba (y, créanme, ameritaban muy pocas).

En ese momento, pensé “listo… ya no viene más”. Y creí que el correr de los días me estaba dando la razón; pues, en efecto, el flaco no aparecía.

No sé si hace de eso de pelotudo, de buen samaritano (que es más o menos lo mismo que ser un pelotudo), porque le pagan por sermón dado o porque su hobbie es molestar. El tema es que el tipo volvió. Sí, no es joda, no es invento, el chabón volvió. Por ahí me vi metido como extra en una trilogía épica compuesta por: “El Señor de la Carpetita. La Comunidad de los Rompe-Huevos”; “El Señor de la Carpetita. Las Dos Visitas”; y “El Señor de las Carpetitas; El Retorno del Imbécil”.

Sea como sea, ya estaba como medio harto. A su nuevamente simpaticón “¿tus viejos están?”, le constesté con un seco “no, no están”, con tono de deja-de-limarme-la-chota-chupa-escrotos.

Y ahí lo tiró otra vez… Su “frase” más celebre… “Ya los voy a encontrar”. A lo que mentalmente respondí “ya van encontrar tu culo las punteras de mis botines”. Tal vez sea inconsciente o en verdad pretenda poner cierto aire perverso a sus palabritas. De más está decir que no lo logra. No, no me infundís temor, flaquito. Tu barba candado y el contenido misterioso de tu carpetita no me dan miedo.

En fin, yo me vi interrumpido en mis quehaceres-nada-de-nada cotidianos y él se las tuvo que tomar con una mano vacía. Sí, con una, porque con la otra seguía aferrando su carpetita.

Si les toca la puerta, ya saben: no le digan que nadie fuma, ni coje, ni caga, ni hace nada en la casa. De ser posible, no lo atiendan. Y, si ven que les va a tirar su muletilla pseudo-malvada, adelántense con un rotundo “¡no, no los vas encontrar, no vas a encontrar a nadie, así que no vuelvas a romper los higos, cenicero arrepentido!”. Sí, lo sé, suena cruel. Pero más cruel… es que te queme las pelotas.

Comentarios

  1. excelente
    y si ese hombre es del séquito del honorablemente imbécil, y reconocidamente merecedor de una gran (GRAN) ppatada en el tujes, dr piitarque, hagame usted el favor de mandarle de mi pparte los saludos correspondientes.

    ResponderEliminar
  2. jejeje como me he reído, y es que me lo imaginaba mientras lo leía, sí, a mi también me han dado el coñazo por mil historias distintas y una se cansa hasta de ser cortés.
    Encantada de descubrir tu blog. Saludos;)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La reina de la noche

Recuentos del cazador