Tengo ganas de llorar. No sé por qué ni por quién ni para qué. Sin embargo, lo más lamentable de todo es que es de lo único que tengo ganas.

Los mástiles y las velas de mi barco se han esfumado. Si, al menos, hubiesen caído; quizá el barco se habría podido hundir... conmigo, con mis recuerdos, con mis miserias, con todo en él.

El tiempo y el agua parecen diferentes, pero sus efectos son muy similares. El primero perpetúa el movimiento, el ardor, la ansiedad, la pena. La otra protege recelosa la vida, te mantiene despierto para poder sufrir, hace de combustible al fuego que no se apaga nunca (por obra del tiempo, claro). Herramientas del cosmos, irreverente y sedicioso caos que quizo ser más y le arruinó la existencia a tantos seres. Y yo, entre tantos, lo sé y lo odio. Y, como ellos, no puedo hacer nada lo suficientemente drástico como para transformar los engranajes del mecanismo universal en una sola encarnación.

Nunca interpreté del todo a las personas. Me ha bastado con poder calcular y manipular con precisión, con ver y dejar fluir en el momento adecuado. El gran problema ahora es que no logro interpretarme a mí mismo. No es que alguna vez lo hubiese hecho, pero ahora no consigo siquiera llegar a esa superficilidad, a esas explicaciones sintéticas y de repuesto que me dan tanta calma. No puedo, incluso, echarle las culpas de mi estado a alguien. Tal vez muchas personas sean culpables, pero sus crímenes y sus omisiones, su ignorancia y su indiferencia no tienen que ver directamente esta vez. Me cuesta creer lo que yo mismo estoy redactando. Tantos me deben tanto y no tengo la rabia, el rencor, la fuerza para cobrar lo que es mío. Ni el odio que me ha mantenido resistente y altivo sirve de bastón para soportar mi peso.

Si yo hubiese sido el mundo, me pregunto si los hombros de Atlas me hubiesen sostenido.

No me quedan ideas para intentar resolver la situación. Esperar parece ser la salida más viable. Aunque, claro, lo más viable siempre se me complica...

Comentarios

  1. Mágico. Me recordó a Shalott, una canción de Emilie Autumn.
    Un beso grande, Henry.

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  2. henry, estimado... ¿cuándo va a volver a deleitarnos con sus escritos?

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