Esta noche será final. Convergerán las máximas pulsiones en un centro único e indivisible. Se ofrecerán ofrendas en nombre de aquellos que son profetas y reyes. Se alabará cada gesto, cada sutil parpadeo. Manarán las energías de una sola fuente y a ella todas volverán revitalizadas.

Arianne D. Wolfwood y Lord Henry Wotton. La reina y su siervo. Los gemelos estelares por sobre todos los hermanos de las mitologías y los relatos universales.

Un vínculo más fuerte que la sangre, capaz de superar el brío de las divinidades rebeldes, capaz de hender la tierra y los cielos con una sola palabra.

La palabra, el diálogo, la retórica consumada de los dioses que han decidido dejar de observar. La facultad de construir torres más altas que las del cosmos hipócrita, el entendimiento que atraviesa el caos y le da sentido.

Y nada importará. Esta noche será todo suyo, todo nuestro. Se contraerán las estructuras en un círculo irrompible de magnificencia y brillo. Una centella extraordinaria, una constelación de dos estrellas. La representación de lo que existe y lo que no es, de lo que puede y aún no ha querido.

Serán uno solo y opacarán todo a su alrededor. Serán un fotón de energía radiante y magnética. Rechazarán la miseria y se quedarán con todos los dones, solamente suyos y ajenos a la unidad de comunes.

Como el Apocalipsis anuncia el regreso del mesías, yo, el señor de las palabras, profetizo nuestro retorno.

Esta noche, hermanita, demostraremos por qué somos lo que somos.

Esta noche, los dioses volverán a caminar sobre la tierra...

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