He escrito tantas veces para las almas que reclaman mi voz...

No puedo decir que no las he hecho esperar, pero cumplí, como pude, sin jactarme demasiado ni hacer mías sus palabras.

Ahora yo necesito que escriban por mí, que dibujen mi historia, al menos... una parte de ella. Que rescaten mis dedos de la pena y la angustia. Que sean ellas, esta vez, profetas mías.

Quizá sólo aquellas almas puedan llegar a salvarme.

Si es así... ruego que se apresuren...

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