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Mostrando entradas de febrero, 2010
Atemorizado... Ansioso... Sugestionado... A punto de convulsionar...
He escrito tantas veces para las almas que reclaman mi voz...

No puedo decir que no las he hecho esperar, pero cumplí, como pude, sin jactarme demasiado ni hacer mías sus palabras.

Ahora yo necesito que escriban por mí, que dibujen mi historia, al menos... una parte de ella. Que rescaten mis dedos de la pena y la angustia. Que sean ellas, esta vez, profetas mías.

Quizá sólo aquellas almas puedan llegar a salvarme.

Si es así... ruego que se apresuren...
Definitivamente... harto...
¿Y qué si nunca nada alcanza?

Un corazón insomne eternamente no puede descansar. Un alma en pena no es capaz de encontrar la felicidad. Ningún espejo logra reflejar aquello que no existe.

Si tan sólo el dolor se transformara en dicha por más tiempo... Quizá si consiguiera un bálsamo más allá de la navaja... Tal vez si el cosmos perdonara a mi talento una vez, podría elevar una oración coherente.

No sé si busco o quizás es que no encuentro. No comprendo, no entiendo, no albergo más esperanza. Mi fe abandona el presente. Ya nada puede retener los motivos que alguna vez tuve para caminar sobre este mundo que no reconoce la misericordia, que no aprecia la bondad y huye despreciable de la más cándida honestidad.

Nada me basta y nada me bastará. No puedo conformarme con lo que tengo, no puedo esperar nada más.

¿Qué lugar ocupo? ¿Qué victoria es mía? ¿Cuándo he caído? ¿Por qué nadie se atreve a tender su mano?

Como la rosa que rehusa el agua, los hombres me han ignorado. Y así como la flor se marc…