Altivos negros ojos que me mirarán por siempre.

Comencé a escribir en una noche desvelada. Fue el susurro tibio de una llave de cristal que se escondió en mi puerta y rompió delicada cada barrera.

Clave, ala, pigmento.

Frases sin sentido ni contexto. Palabras que ni siquiera han salido del mismo hoyo.

Antro, paje, tuerto.

Fue la ráfaga de mierda y vino.

Así se sigue. Así es un juego vanguardista que no busca ni tiene más sentido que el no-sentido, más significado que el no-significado. La negación que se niega casi sin negarse y haciéndolo. ¿La negación absoluta?

Fuerza, arriba, comiendo.

El orgasmo se rajó en el piso y el jarrón se explotó en el aire. (Verbos y situaciones intercambiables).

Palabras como reacciones. Reacciones vueltas (¿sólo?) palabras.

Todo va y viene, nada está ni es, mas yo no lo entiendo ni sé si es o no es así. (Se ve que me importa, porque lo pregunto. Y también se ve que reprimo la importancia, porque me pregunto si en verdad me importa.)

¿Tomamos un té?

Compré medias y lunas.

El cohete despegó.

Por supuesto, no hay otra manera.

Si puedes hacerlo, puedes creerlo (y no al revés).

Tengo el corazón de lata y en el medio una lasca de rubí que heredé hace varios años.

Y es así, no hay vuelta.

Y como en internet hay tanto espacio… puedo colgar semejante cagada.

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