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Soy un cazador 
de los siervos 
del rey cornudo. 

Y de mi cuello cuelgan 
sus coronas 
de asta y hueso quebrado. 

Él reclama su reinado 
entre los árboles. 
Pero yo soy bosque, 
la sombra en la consciencia, 
la espina inalcanzable. 

Soy un salmo de carne, 
la plegaria temerosa 
agradecida 
por el grito de la Reina 
y su justicia. 

¡Cazador! 
Grita el viento con susurro de noche. 
Tiembla el pino, la tierra se parte. 
Tensa mi mano la luna arrugada. 

Soy un cazador de traidores 
y mi flecha está hecha de tiempo. 
Es eterna 
imparable 
inevitable. 

Su punta y todo su cuerpo 
empapados del azul 
de la ponzoña mortífera 
implacable 
que no deja morir el frío 
el asco 
de la culpa. 

Puede que siga haciéndote el amor en sueños. Pero sólo queda para ti en mis labios la amargura de la última ilusión que destruiste.
Old loves they die hard 
Old lies they die harder
Y el minotauro también era una mujer.
Vas a sufrir mi corazón, por haber encadenado mi mente.

Ideas interconectadas e inacabadas

El laberinto era una mujer

Nublado

Y la sombra no pudo detenerse... y el pasado no pudo frustrarse... Y no dijiste ni una palabra... Y, como el tonto que alguna vez fui, seguí tu juego y me hundí en la quietud penosa de la cobardía y el fraude. Yo, que vivo de las palabras, nunca he sabido ser profeta de mis propios sentimientos.