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Trance

Se mezclan las exhalaciones
de los inciensos
y del tabaco.
El corazón se comienza a acelerar,
como un caballo
que va pasando al galope.

Distingo una silueta en la noche.
Ya no me parece extraña.
Ya no pareces.

Ven.
Si tienes hambre,
no dudes en parpadear.
Que tus pestañas son dientes
que mordisquean mi carne.
Que tus ojos son lenguas
que saborean la imagen
en su mejor punto.

Hueles
el pánico que me provoca
tu cercanía.
La transmutación
de mi respiración.
El palpitar
de las pupilas insomnes.
El latir de las arterias
mientras las rozan tus dientes.
La vergüenza
de verme desnudo,
que me desnuden
a tirones impacientes y desgastados.
Las sábanas se esfuman.
No queda nada
con lo que pueda taparme.
No existe algo que me proteja,
no hay manto
que me proteja de ti.

No quiero.
Guardo la esperanza
que tu grito no traiga dolor,
que el deseo no se convierta
en pesar.
Pero soy cómplice
de la red de tus medias,
del brillo de tus labios,
del cebo libidinoso
de tu trampa promiscua
de ostracismo.

Soy p…

Si es vascular, es irreversible: el arte como forma de sobrevivir

Hace once años y unos pocos días que pasó algo que cambió todo en mi familia. Algo que nos lastimó casi de muerte y, sobre todo, la lastimó a ella. Se acercan estas fechas y su mirada se tiñe de sombras. Busca en el almanaque cuando todos están (o parecen) distraídos. Ahí es cuando sé que se aproxima de nuevo otro "cumpleaños" de aquel amargo mayo de 2007.

Hace unos once años, mi viejo me retiraba de la escuela para contarme que habían internado a mamá. Hacía varios días que andaba con dolores de cabeza que no se le iban y empezaba a no sentir parte de la cara y la boca. "Tenía como un casco", cuenta ella. Ese día no pudo más. Fue de urgencia al médico y, con la misma urgencia, la mandaron a la clínica. La encontré con el suero enchufado. Le pasaban diclofenac, "a ver" si con eso calmaba; sin mediar estudios ni nada. Comenzó el trajín de idas y vueltas, de organizar el trabajo, la casa, la vida... entre mi viejo, mi abuela y yo. No estaba entendiendo dema…

Ruego de brujo

Calma, viento de la llanura,
el rugido de la tristeza.
Vence el lacio de mi bandera.
No dejes que mi corazón
pare de latir.

Quítame la culpa
y levanta mi cabeza,
que mi único pecado
fue fracasar
antes del intento.

Sacude mis cadenas
cuando mis piernas
ya estén cansadas.
Para que mis oídos no se permitan
olvidar aquello de lo que soy preso
y el precio de mi libertad.

Tómame de los pelos
y has que despierten mis párpados
para buscar en el cielo.
Para que mis ojos puedan ver
cómo la luna oscurece su cantar.

Al grito de la Banshee,
mi alma renacerá
antes de morir.


Tejiendo

Yace un león 
debajo de la débil 
barba rojiza. 
Está ahí, tiene que estar. 
Esta durmiendo, pero 
¿se podrá despertar? 

Mi lord, 
la oscuridad se hace grande 
y la soledad es insondable. 
Vienen sus lanzas desde todas las direcciones, 
atacan en todos los sentidos. 
Ahí vienen de nuevo 
y no tengo la fuerza 
para alejarlos 
o hacerlos retroceder. 

Venga, mi lord, 
usted que es fuerte. 
Venga y despierte al león 
para que cubra con su aliento 
mi fragilidad. 

Y aunque juntos,
te puedo ver de frente:
pequeño, quebradizo y austero.
Con esa tristeza anclada
al final de las pupilas.
Con tanta sapiencia armada
y la ignorancia inaudita
de tu propio ser.

Ven,
que voy a contarte una historia,
que voy a recordarte una alabanza,
un ritmo primordial.

Quieres despertar a un león,
¿no ves que no eres uno?
Teje,
teje que eres una araña.
Negra y rojo escarlata.
Negra y granate.
Araña extraña,
araña extravagante.
Tejedora,
fina.
Patas largas,
con las puntas vestidas
del nacarado de la diadema
que cubre a la diosa ancia…

Caminar

Caminar,
aunque sea solo.
Aunque duela
verse alejar a la compañía.
Que se baje el que quiera
y el que quiera, que se sume.

Caminar para sentir el viento.
Animarse a parar
sin un motivo cierto.
Quedarse entre la gente,
aunque no se pueda decir nada.

Caminar para seguir escribiendo.
Caminar para seguir viviendo.

Momentum

Está linda la lluvia para fumarse un pucho contra la ventana, con las cortinas abiertas de para en par. Te juro que te veo.  Te veo haciendo el gesto,llevándote el cigarro a la boca, sosteniéndolo así, de esa forma rara; medio delicada, medio temblorosa, como si se fuera a romper.

No sé qué estás haciendo, porque ya no me contás; pero seguro un cigarro te vas a prender. Contra la ventana, lo dudo; salvo que haya sido pose y que sí fumes adentro.

Qué estarás haciendo? Qué incertidumbre fue esa siempre con vos! Pero ni ahí superaba la certeza de lo que hacías cuando estábamos juntos.

Si supieras las heridas que ya he curado... Quizá distintas, en diferentes lugares, pero igual de profundas (y dolorosas).

Donde había piel seca y huesos partidos, sembré alas que hoy remontan vuelo.

Le quité la sal a las lágrimas y las transformé en la lluvia que regó los retoños que hoy florecen en otros campos.

Si supieras, no tendrías tanto miedo. Sería al primero que llamarías. Tal vez no hoy, pero cu…

Despertar: Te soñé

Te soñé.
No soñé con vos
ni sobre vos.
Te soñé a vos.
Y fue un sueño maravilloso.

De esos que te engañan,
que te hacen creer que son de verdad.
Esos de los que no te querés despertar,
esos que hacen que te apures,
que no abras los ojos
y corras para volver a dormir,
para ver si podés
entrar otra vez.

Te soñé
y la perfección se confundía con tu cara.
Con tus gestos llenos de bostezos contenidos,
con tu boca gastada
y ese toque de ingenuidad en tu sonrisa.
Sonreís con los ojos,
pero seguro ya te lo dijeron.

Soñé la química perfecta,
una reacción espontánea,
sin catalizadores
ni vapores más extraños
que los de los cuerpos que se cruzan
en gemidos acompasados.

Te soñé
y lo recuerdo con melancolía,
porque fue un sueño hermoso.
Fuiste realmente un hermoso sueño.
Y en la cumbre de esa montaña de fantasía,
creí.

Me despojé y me rendí,
a que podía ser cierto.
Me arriesgué,
sin pensar mucho,
sin darme cuenta,
como todo lo que pasa en un sueño.

Creí que sería menos efímero
y más profundo,
que tr…